Nuestro país tendrá que llegar a 2050 hasta un 60-70% como mínimo del consumo de energía final en forma de electricidad, desplazando prácticamente al producto petrolífero de las energías finales.
La generación eléctrica tendrá que alcanzar entre un 90-100% de origen renovable a 2050 y se tendrá que lograr una reducción de nuestra intensidad energética final del 50% respecto a los valores actuales, mediante inversiones y actuaciones significativas en eficiencia energética.
El hidrógeno podría servir, además, para almacenar energía procedente de fuentes renovables que ayudaría a garantizar el suministro cuando esta domine nuestro sistema energético.
Su desarrollo se conseguirá, entre otras cosas, a través del despliegue de electrolizadores que convierten el agua en hidrógeno usando energías renovables, de estaciones de recarga para vehículos de transporte y de la construcción de las instalaciones necesarias para su uso en la industria.
Hasta 2030 se necesitaría la instalación de entre 30 y 39 GW de nueva capacidad renovable. La elevada necesidad de nueva potencia renovable requiere, a su vez, de una capacidad relevante de respaldo, dado su carácter intermitente.
Será necesario adaptar las infraestructuras y desarrollar una red eléctrica inteligente, digitalizada y flexible en todo el territorio; desarrollar el almacenamiento energético; reforzar la cadena de valor de las baterías, asegurando que sean eficientes, reciclables y asequibles.